Las uñas clavadas hasta que brota sangre, la mente un
tumulto de ideas y la cara tiesa, simulando la superación de todos los
problemas. Así es como la recuerdo; así
la recuerdo con sus anteojos, sus tristes ideas y una sonrisa para simular el
apocalipsis. Ella fue la flor que me enseño como regar mi jardín de
sentimientos. Nunca se me ocurrió que tenía que ser salvada, porque el día de
su muerte, se me callo la tasa de té y por mucho tiempo no supe más que hacer.
Puedo decir que no era perfecta pero me encantaba su piel,
como me escuchaba, sus utópicas ideas que simulaban ser inocentes, pero eran
fuertes, demasiado para ser contenidas por un solo cuerpo. Nunca pregunte como decidió
morir, por que yo sabía el cómo, no lo físico, lo que la mato fue su mente,
esas cosas incompletas tortuosas y las más hermosas que siempre le parecían inconclusas.
Esa enorme tristeza que la hacía desear cada día querer cambiar el mundo en
donde vivía.
Para mí era un paisaje, un hermoso bosque pero demasiado
tupido que no dejaba pasar la luz para que germinen nuevas historias. Sé que
cada rama de sus árboles ardió, hasta que las cenizas inundaron sus pulmones
faltos de vida y la nada misma; esa misma nada, que siempre intentaba describir,
que le inundaba el ser se convirtió en literal.
Siempre fue tanto para mí, tanta tristeza, tanto
sentimientos (aunque amaba negarlos) tan ella.
Todas ellas siempre te cruzabas con sus tumultuosas ellas,
sus muchas ideologías y la estantería de libros que siempre soñó con seguir
completando.
A pesar de todo era cómoda y no le gustaba llamar la atención,
creo que me doy una idea cual fue su elección para decir adiós.
No me reprocho el no darme cuenta, solo me da intriga, hubiera
cambiado con un poco más de mí en ella, no soy la idea de vida, pero soy vida; quizá
con su muerte hubiéramos juntado un equilibrio.
Extraño su cariño y sus problemas, quizá la extrañe porque sé
que jamás volverán, pero siempre supe que podría vivir sin ellos.
Ella siempre supo que podría morir y que sus causas eran
mayores que un momento entre dos.
Si no lloro será menos importante o si lloro me daré cuenta
de cuanto me afecto.
Prefiero terminar de preparar el café sentarme cerca de la
venta y ver llover. Sé que el cielo llora por mí, porque el mundo pierda una
gran idea con patas, como prefiero recordarla. Quizá piense todo esto porque
simplemente la amaba.