Ella está presente, puede sentirse acostada en la cama, como
sus piernas rosan las sabanas tibias; cada parpadeo es real, pero nadie la ve,
o nadie la ve como ella desea.
Se tiñe, se cambia, se pinta, pero aun así sigue siendo imperceptible
al ojo.
Siempre encuentra la escusa del amor que no se da, del futuro
que se pierde y las lágrimas que se ganan; pero a pesar de que sus manos
sienten su pelo húmedo, nada es definitivamente real.
Cada uno elige lo que quiere ver y sin darse cuenta, se volvió
tan invisible, que cuando cierre los ojos ya no existirá más.
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