Me rio tanto y tan fuerte que debo tirarme al suelo, las
paredes comienzan a temblar, pareciera que suben y bajan, casi aplastándome.
Mis ojos se llenan de lágrimas y todo pierde el contorno.
En posición fetal mis rodillas se pegan más a mi pecho y mis
brazos, abrazan el estómago que se menea de un lado a otro.
Mi cara se torna de un color rojo y los músculos de los
cachetes se van poniendo cada vez más duros, deformándome el rostro.
Mis pulmones no son
capaces de ingresar suficiente aire y de un momento a otro, después de tanto
temblequeo, se me detiene el corazón.
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