martes, 8 de noviembre de 2016

Perdí el pucho

Perdí el pucho, ya busque por la cocina; era el último tabaco que me quedaba en la caja, desértica como la calle, como a lo contrario que inunda mi cabeza.
Perdí el pucho y no está en la biblioteca, ni entre los libros leídos y por leer, perdí el pucho que todavía no empecé.
¿Lo abre dejado en algún pantalón? Pero ya se encuentran todos dados vuelta por el suelo y nada.
Cada una de la camperas pareciera que me sacaran la lengua, con sus bolsillos para afuera, como burlándose de mi desesperación.
No lo encuentro en la mesita de luz, ni en el baño, recorrí la taza del inodoro con miedo que se me haya caído anoche.
Revolví cada instante de mi memoria por temor que estuviera lejos de estas paredes, pero no lo halle.
La cabeza se me partía y la contuve entre mis manos, sentí el desierto avanzar hacia mí con esos yuyos arraigados en ese suelo tan fuerte que el viento apenas le hace cosquillas, pero el viento con migo hace lo que quiere; tal vez él se llevó mi dignidad o el pucho que no encuentro.
Las montañas se levantan y bajan aplastándome la cabeza
Mis manos comienzan a temblar compulsivamente parece que aun sostienen esos vasos llenos de demás que la enorme oscuridad abalo.
No recuerdo todo, creo que esa era mi necesidad, pero antes de que se me apagaran los ojos entre el sillón y las frazadas estaba mi último tabaco en la caja y el encendedor ya casi consumido.
Lo único que recorre las calles son las plantas rodadoras y aun ellas carecen de vida.
No lo, me encuentro por ninguna parte ya me estoy cansando de buscar.
El pucho debe estar encendido en algún pasado distante que me olvide.

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