Noche de barquitos:
Es una noche fría,
Pero no tanto, para ser invierno.
Los folletos, de algo que no recuerdo,
Se empezaron a convertir en barquitos de papel;
Para matar el tiempo, empezaron de uno en uno a copar el
espacio.
Arrancaron por la mesa de entrada y a ser regalados. Pero ese
rincón donde al principio estaban, solo a un costado, quedo chico.
Así que comenzaron a colocarse sobre el escenario.
Arriba de la batería, el teclado, las guitarras, el bajo y
el violín quedaron tapados por completo, por estos pequeños barquitos de papel
blanco.
El hueco detrás del escenario, donde las paredes están cubiertas
de historias de quienes tocaron y hace solo unos minutos estábamos sentados
tomando birra colapsaron, apretadas por estos papeles.
Qué bien, bien no entendemos cómo se magnificaron tanto.
Las mesas de pool y el espacio donde la gente empezaba a juntarse
igual quedo repleto.
La barra donde el muchacho nunca puso Sumo también.
Los barquitos empezaron a subir por la escalera, de uno en
uno, de a pares, de a muchos, cada vez de a más.
Subieron cada escalón y salieron; acumulándose por las
calles, apretándose por los edificios.
Pero seguían apareciendo, cada vez con más velocidad.
Estos barquitos no servían para rescatar personas, las
ahogaban, que contradicción.
Parecían tornarse en apurados, llenando el asfalto, en una acción
caótica y convulsionante.
Llegaron al mar,
Uno por uno se tiro.
Donde las olas jugaron con ellos casi desarmándolos en su
totalidad,
Pero aun así siguieron repitiendo la acción.
Los barquitos aceptaron su destino.

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