Ella era la reina de los pasillos de mi casa, recuerdo verla
desde mi cama caminar con su tasa de café, un rodete, remera vieja, sus calzón
y medias de colores raros.
Nada más sexi que las caras que ponía cuando pensaba. Puedo
contarles que cuando mordía la lapicera me sacaba de quicio; nunca fue muy
amorosa, pero en secreto y descuidada le brotaba la ternura, de las más inocentes.
Las pocas veces que me dijo te amo fueron las glorias de los
paraísos.
Aun espero volverla a ver frente a la ventana los días de
lluvia, un porro en la mano y lágrimas nostálgicas escondidas.
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