El globo rojo, se escapó de aquellas manos que lo amaban; de
repente se ve tomando altura, cada centímetro más lejos de la protección y más
cerca e aquello que puede quitarle el aire.
Tiembla, rebota, se engancha pero al final está muy lejos, donde
ni las manos ni el ojo humano lo puede encontrar, casi es parte de las nubes.
Esta alto, seguro y sin ramas que lo pinchen, pero sin las
amadas manos que lo esperaban.

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