jueves, 10 de diciembre de 2015

Yo cascarudo:

Cuando era chica tenía una casita del árbol, el viento se encargaba de desarmarla y mis amigos y yo nos encargábamos de reconstruirla.
En ella se encontraba una caja grande, muy grande, con tierra y yuyos; donde habitaban cascarudos, para mí mis mascotas. Me encantaba ver como se enterraban, comían, vivían; me gustaba agarrarlos y sentir que caminaban por mi mano con sus patitas raras, que me hacían cosquillas.
Quizás hoy no los tendría encerrados, les encantaban a mi yo egoísta. Pero también pienso que me gustaría tener la valentía con la cual saltaba cada que mis compañeros jugaban carreras y mataban al perdedor, sé que defendí a los cascas con tanta fuerza como nunca a mí.
Posiblemente sea un poco ellos me brilla ese revoque que simula ser fuerte, pero si  se  posa un pie se vuelve en entrañas blandas, manchando el piso; o quisiera la capacidad de hacer un pósito y desaparecer en la tierra guardarme hasta que quiera salir.

Tal vez algún día me despierte sola en mi habitación y mi piel ya no sea lo que es, ni tenga pelos sobre ella, ni los lunares, quizás abra los ojos y ya no tenga miedo de ser perseguida y por alguna extraña razón me convierta en un bicho.

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