Cuando las carnes se hagan de ladrillos, de “plata”.
Por las venas circule petróleo
Y los huesos se partan generando carbón.
Las lágrimas de barro inunden los hogares de los más pobres.
Tal vez algún día nos demos cuenta que la tv es una cigüeña perforando
nuestros cráneos, extrayendo todo, hasta hacernos explotar, no queda nada más
que deterioro.
Sonidos tiemblan en el silencio, gritos que terminan con la
quietud que nunca existió.
El frio congela los seres, los cuerpos tiemblan tan fuerte
que les impide moverse.
Las contradicciones, que reinan en el reino de los humanos.
Pueblo contra pueblo.
El arma en mi mano, las balas en la gente y los pocos de
propiedades privadas, los que se creen dueños del destino, tranquilos.
Juego de piones y sangres que riegan a la pacha.
Los yuyitos se niegan crecer en un mundo de ingenuos y egoístas.
El polvo que cubría antiguos falcón que creíamos ya cadáveres,
incendiados con los cuadros que ese día descolgaron, los están puliendo, las ruedas giran otros tiempos, otras
tierras, pero es más de lo mismo.
La brusquedad de los palos se mueven de arriba hacia abajo,
con tal fuerza que logran partir ideologías, haciendo que los observadores
mediten quedarse quietos.
Se puede oír un aullido de agonía
Como, como es que lo cíclico de lo nefasto…
Como las banderas se achican a trapos.
De nuestros dedos se escurre rojo, desbordan de un rio tibio
que nos ahoga.
Nuestras raíces se cortan, limitadas, cubiertas de cemento,
que nos olvidamos de como romper.
Y en la “comodidad” del “sostén” nos volvemos de plásticos.
Muñecos patéticos que solo contaminan.
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