domingo, 15 de marzo de 2015

Saltemos a la soga...

-Una tarde que jugábamos en el barrio me olvide de donde me escondí
Saltemos a la soga, pero vos para un lado  y yo salgo corriendo, después.
No quiero seguir jugando. Tampoco pienso ir tan lejos, supongo que te voy a extrañar.
Decime cuando los toboganes sé encogieron tanto y las tortitas de barro no curan el hambre.
Ya no sirven las cosas atadas con alambre, mi casita se empezó  a desmoronar, la puerta que nunca tuvo me empezó a faltar.
Las galletitas y obesa empezaron a relacionarse, que lastima antes la última no tenía sentido.
Los tanques de guerras, cobraron otros significados, ya perdimos de vista que es el bien y el mal, más bien lo utilizamos para justificar tonterías.
Mi mama salió de la cocina rápidamente, porque necesitábamos comer.
Se rompieron casi todos los soldaditos y las bolitas rodaron lejos de acá, es que mi papá ya no tiene tiempo para jugar, fin de mes lo corre, es mucho más rápido que el helicóptero que bolo aquella vez, mientras la gente pedía algo que nunca se fue.
Siempre recuerdo los chicos del mate cocido, las listas para comparar en cada súper mercado y esa imitación de billete que servía mucho menos que el real.
Mi gato fue envenenado para que termine de caer de lo que es la maldad, lastima no la entiendo y le temo aún mucho más que a la oscuridad.
Necesitaba descansar, pero la nueva casa me empezó a molestar.
Me enrede en el elástico y me caí, en mi boca se encuentra un licuado de tierra y sangre, no  es para nada rico, pero en la anécdota me reí.
Por suerte escuchábamos un casete se Sumo cuando viajábamos, veíamos a gente que ya no existen hoy.
Las hamacas despegan tan alto, me marean pero las amo como a las frutillas, esa dualidad es una de mis cosas preferidas.
Los zapatos ya no me entran y al saltar me rompí la cabeza.
El príncipe azul siempre fue una mentira, pero la imaginación tiene un mejor caballo y cumplió con la profecía, pero también apresa cuando libera.
Uno de los deseos más importantes de la vida se me cumplió, ahora papa Noel se divide en dos, y tengo que prestarle mis zapatitos de baribe, creo que a veces nos odiamos, pero tengo más zapatitos así que no me molesta construir para las dos.
A pesar de que me retaron, todo costado en blanco, no importa que hoja sea, es un lindo lugar para dibujar.
De las tarjetas de crédito las más lindas eran las que iba guardado cuando no servían, podía comprar miles de cosas sin que me persiguiera nadie.

Que daría por no entender un rato más.

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